El 7/12 una de las columnas de LEX (Financial Times) se titulaba "Spain". Dice lo siguiente:
Un boom inmobiliario alimentado por dinero barato, mucho consumo ostentoso de astros del fútbol ingleses que se compraron un lugar bajo el sol, y todo sin aparente riesgo de cambio. La descripción corresponde a Dubai. Podría ser, igualmente, España.
La cuarta economía de la eurozona ha sufrido considerablemente durante la crisis financiera. Casi un quinto de los españoles están desempleados. El país flirtea con la deflación. La economía todavía se contrae. Lamentablemente, puede contraerse aún más. Esto también es cierto para las denominadas economías periféricas de Europa, como Irlanda y Grecia, que también tienen unas finanzas públicas débiles. Pero la economía española es aproximadamente cinco veces su tamaño. Sus problemas son, por lo tanto, mucho mayores.
José Luis Rodríguez Zapatero, el primer ministro, ha trabajado para atenuar el golpe. Los €8.000 millones de su paquete de medidas de estímulo del Plan España, equivalentes al 2,3% del PIB, han embellecido parques aquí y mejorado infraestructuras allá. Como el gasto público en todas partes ha ayudado, probablemente, a prevenir el descontento social. También puede haber ayudado a frenar la emergencia de problemas en el sector bancario. La corrección de precios inmobiliarios en España ha sido una fracción de lo que ha tenido lugar en mercados similarmente inflados como Irlanda o Inglaterra. Pero impulsando generosas ayudas sociales y un sector de la construcción ya inflado, ha hecho que España sea menos competitiva.
Los salarios españoles están todavía creciendo a un 4% anual. Incluso después de tomar en consideración el terrible incremento del desempleo, desde menos del 8% en 2007, los costes laborales unitarios también están subiendo –al 0,4% en el tercer trimestre. España no puede devaluar para restaurar la competitividad perdida. Es más, desde la entrada en el euro su tipo de cambio real se ha apreciado más que el los otros países del euro –excepto Irlanda. Pero los salarios irlandeses están actualmente cayendo alrededor del 1%. El próximo año, el Economic and Social Research Institute, con sede en Dublin, afirma que los salarios caerán el 2,5%.
Irlanda, consecuentemente, está asumiendo el sufrimiento. Una vez pase el efecto anestésico del Plan España, el mercado de trabajo español tendrá que asumirlo también. Una caída importante del euro podría volver a aplazar el sufrimiento hasta mañana (en español en el original). Pero no es de ninguna manera una estrategia, es una lotería. FIN DEL ARTÍCULO
Dos días después la agencia Standard&Poors ponía la calificación de la deuda española en perpectiva negativa. Las dudas que suscita hoy en día la economía española son "normales" en el sentido de que son de la misma categoría que las que suscitan Grecia o Irlanda o Portugal, por ejemplo. Digo la misma categoría, no el mismo grado. Hoy en día, la gravedad de los problemas de deuda de Grecia, por hablar de un tema caliente, son incomparablemente mayores que los españoles.
Pero, ¿qué pasará si -o quizás es mejor decir "cuando"- a las dudas meramente económicas se añadan las seriamente políticas?
Tomemos la deuda pública española que deba ser colocada en los mercados financieros en cantidades bastante crecidas compitiendo con la deuda, también abundante, de otros muchos países, digamos bonos a diez años. ¿Algún día alguien en esos mercados se preguntará por el futuro a largo plazo del país que vende esos bonos y que, por lo tanto, es el que tiene que devolver el dinero que pide prestado?
La pasividad del Gobierno en materia de reformas económicas, imprecindibles, es obvia para todos, incluídos, por supuesto, S&P y el Financial Times. La pasividad ante las inciativas políticas que de forma transparente se proponen destruir el estado que pide dinero prestado en los mercados financieros pronto será igualmente obvia para todos. Y pronto será obvio que más que pasividad es, en muchos casos, colaboración: numerosos alcaldes del PSC -el partido de Montilla, Presidente de la Generalitat y exministro del Gobierno de España- han votado a favor de la consulta.
A fecha 11/12 el tipo de interés del bono a 10 años era para Alemania: 3,20%; para España: 3,81%; y para Grecia: 5,30%.
Pues bien, me temo que estamos caminando en la dirección de Grecia. Es decir, en el camino de una cuesta cada vez más empinada: si poner en orden la economía y las finanzas públicas es difícil ahora, pagando el 5,30% sería mucho más difícil. Una tarea más difícil para un gobierno más débil en un sistema político más disfuncional, con instituciones fundamentales -el TC, por ejemplo- cada vez más faltas de legitimidad. Una mala combinación.
Pero, en realidad, no pasa nada. Zapatero dice que las consultas independentistas en Cataluña no van a ninguna parte y que la economía española va a comenzar a crecer de manera inminente.
sábado 12 de diciembre de 2009
domingo 18 de octubre de 2009
Filología catalana
Tuve el honor el jueves pasado de presentar, en Literanta, las memorias de Xavier Pericay (Filología catalana. Memorias de un disidente, Barataria, 2009 y Filologia catalana. Memòries d’un dissident, Destino, 2007). Son unas memorias “una mica particulars, una mica decantades cap a l’assaig polèmic”, y, yo diría, político, en las que la combinación de lo biográfico –vida vivida, experiencias, historia- y lo político, va alimentando una reflexión extraordinariamente iluminadora del hoy catalán y, más ampliamente, español.
Javier es catalán y filólogo. Filólogo lo es académicamente, puesto que es licenciado en filología catalana, lo ha sido profesionalmente durante quince o veinte años, y lo es en tanto que ciudadano ya que como filólogo-ciudadano llevó al espacio público sus cualificadas propuestas sobre la lengua –Grup d’Estudis Catalans. Sin embargo no es, curiosamente, filólogo catalán:
Leo estas palabras de Javier como el punto de llegada de su reflexión de filólogo y de ciudadano, como el final de un largo diálogo de veinte o veinticinco años con su país y con sus colegas. Imagino que Javier comenzó ese diálogo pensado que él era un filólogo catalán –doblemente catalán: por catalán y por su especialidad filológica- para acabar constatando su exclusión de esa categoría dada la imposibilidad de una filología “normal” en Cataluña: la que correspondería a una lengua instrumental frente a la lengua simbólica del nacionalismo.
El recorrido de Javier ha sido, sin duda, atípico: comienza en un impecable nacionalismo de izquierdas excelentemente adornado con su dedicación a la filología catalana, y acaba en el, digamos, exilio mallorquín y en el comienzo de su escritura en castellano. ¿Por qué? Sin duda por la confrontación entre sus ideas de libertad, de ciudadanía, de sociedad, de cultura, y las que se han desplegado en Cataluña en los últimos treinta años impulsadas por el nacionalismo catalán. O, quizás más exactamente, por la progresiva concreción de esas ideas frente a las del nacionalismo con su inequívoca sumisión de la libertad individual al proyecto colectivo, a cuyo servicio se ha puesto, también, la lengua.
Pero ¿por qué Javier se ha abierto a ciertas razones, a ciertos argumentos, que a muchos otros no han conmovido? ¿Por qué él ha llegado a un inequívoco rechazo del nacionalismo y tantos otros no? Para tratar entender eso sirven las memorias. Para tratar de entenderlo en Javier y para entenderlo en uno mismo, porque la peripecia de Javier y sus reflexiones pueden completar la propia experiencia y la propia reflexión.
Por ejemplo, Javier explica cómo era su medio familiar: su abuelo materno, médico, militante de la CEDA, fusilado al comienzo de la guerra. La familia de su padre, de izquierdas. Me pregunto si esa ascendencia diversa ideológica y socialmente puede haber ayudado a configurar una sensibilidad más abierta a la experiencia y a la reflexión y, por lo tanto, al cambio.
O su formación en el Liceo Francés, es decir, la relativa separación de los conflictos más puramente españoles y catalanes, y, a la vez, el contacto con la enseñanza pública francesa, con su expresa búsqueda del rigor y de la excelencia.
Y más allá de lo puramente personal está lo que pasaba alrededor, cosas que Javier no conoció cuando sucedieron, pero que nos cuenta ahora porque las considera enormemente significativas. Cosas que yo también ignoraba y que supongo que mucha gente ignora. Por ejemplo, la encuesta que la revista Taula de Canvi –revista de izquierdas, ya que estaba ligada al PSUC- dedicó a la cuestión “Escriure en castellà en Catalunya” en 1977. Se trataba de averiguar (cita de la revista):
El final del párrafo es demoledor: Fenómeno coyuntural a liquidar al disponer de órganos propios de gestión política y cultural. Los más conocidos hombres de letras contestaron en un sentido generalmente afirmativo a esta pregunta, lo que dice mucho del espíritu abierto, generoso e integrador con la que se iniciaba la nueva democracia.
Todas las respuestas merecen la pena, pero la de Luis Goitysolo me parece extraordinaria:
¿De dónde pudo salir tal sumisión, tal renuncia a la propia libertad, a la propia individualidad, como para aceptar que un referéndum pueda decidir en qué lengua se ha de poder escribir? Era, sin duda, el correlato perfecto de la convicción con la que los escritores en catalán manifestaban que, efectivamente, la escritura en castellano era un fenómeno coyuntural a liquidar.
Exactamente el espíritu contrario es el que muestran las memorias de Javier: independencia y valiente ejercicio de la crítica –incluida la crítica de sí mismo- frente a la presión de la tribu y a costa de la propia comodidad.
Volveré sobre ello.
Javier es catalán y filólogo. Filólogo lo es académicamente, puesto que es licenciado en filología catalana, lo ha sido profesionalmente durante quince o veinte años, y lo es en tanto que ciudadano ya que como filólogo-ciudadano llevó al espacio público sus cualificadas propuestas sobre la lengua –Grup d’Estudis Catalans. Sin embargo no es, curiosamente, filólogo catalán:
“Com més hi penso, més convençut estic que la filologia catalana no té gran cosa a veure amb la filologia. […]
[A] un filòleg català […] se li reconeix una autoritat en tot el que guarda relació amb Catalunya i els seus problemas. […] En realitat, en la mesura en què són experts en la llengua i en la mesura en què tota llengua, d’acord amb la teoria romàntica vindicada per gairebé tots els nacionalismes i, de forma notable, pel nacionalisme català, reflectéix una cosmovisió, se’ls fa dipositaris preferents d’aquesta cosmovisió. Si dominen la llengua, ¿com no han de dominar alhora el món que n’emana?”(p. 210)
Leo estas palabras de Javier como el punto de llegada de su reflexión de filólogo y de ciudadano, como el final de un largo diálogo de veinte o veinticinco años con su país y con sus colegas. Imagino que Javier comenzó ese diálogo pensado que él era un filólogo catalán –doblemente catalán: por catalán y por su especialidad filológica- para acabar constatando su exclusión de esa categoría dada la imposibilidad de una filología “normal” en Cataluña: la que correspondería a una lengua instrumental frente a la lengua simbólica del nacionalismo.
"Sí, jo, el traïdor, el botifler, l’espanyolista […] sóc dels que no varen escriure pràcticament mai ni una sola ratlla en castellà. Almenys fins al 2000. […] No sé fins a quin punt aquesta constància en l’ús exclusiu del idioma matern és fruit de la militància. O si cal atribuirla a la simple inèrcia. O la por de traspasar la línia. I encara caldria especificar de quina militància es tracta. Sense dubte, no de la patriótica. Sí, en canvi, de la que reclamava un espai no ideologitzat en el si de la lengua catalana, un espai neutre, desproveït d’abscessos sentimentals (p. 410).
El recorrido de Javier ha sido, sin duda, atípico: comienza en un impecable nacionalismo de izquierdas excelentemente adornado con su dedicación a la filología catalana, y acaba en el, digamos, exilio mallorquín y en el comienzo de su escritura en castellano. ¿Por qué? Sin duda por la confrontación entre sus ideas de libertad, de ciudadanía, de sociedad, de cultura, y las que se han desplegado en Cataluña en los últimos treinta años impulsadas por el nacionalismo catalán. O, quizás más exactamente, por la progresiva concreción de esas ideas frente a las del nacionalismo con su inequívoca sumisión de la libertad individual al proyecto colectivo, a cuyo servicio se ha puesto, también, la lengua.
Pero ¿por qué Javier se ha abierto a ciertas razones, a ciertos argumentos, que a muchos otros no han conmovido? ¿Por qué él ha llegado a un inequívoco rechazo del nacionalismo y tantos otros no? Para tratar entender eso sirven las memorias. Para tratar de entenderlo en Javier y para entenderlo en uno mismo, porque la peripecia de Javier y sus reflexiones pueden completar la propia experiencia y la propia reflexión.
Por ejemplo, Javier explica cómo era su medio familiar: su abuelo materno, médico, militante de la CEDA, fusilado al comienzo de la guerra. La familia de su padre, de izquierdas. Me pregunto si esa ascendencia diversa ideológica y socialmente puede haber ayudado a configurar una sensibilidad más abierta a la experiencia y a la reflexión y, por lo tanto, al cambio.
O su formación en el Liceo Francés, es decir, la relativa separación de los conflictos más puramente españoles y catalanes, y, a la vez, el contacto con la enseñanza pública francesa, con su expresa búsqueda del rigor y de la excelencia.
Y más allá de lo puramente personal está lo que pasaba alrededor, cosas que Javier no conoció cuando sucedieron, pero que nos cuenta ahora porque las considera enormemente significativas. Cosas que yo también ignoraba y que supongo que mucha gente ignora. Por ejemplo, la encuesta que la revista Taula de Canvi –revista de izquierdas, ya que estaba ligada al PSUC- dedicó a la cuestión “Escriure en castellà en Catalunya” en 1977. Se trataba de averiguar (cita de la revista):
“[si els] catalans (d’origen o de radicació) que s’expressen literàriament en llengua castellana […] són escriptors castellans o espanyols residents a Barcelona?,¿estan exclusivament vinculats a la cultura literària castellana o espanyola?,¿no pertanyen de cap manera a una cultura catalana no solamente tipificada por la llengua?,¿cal considerar-los com a fenomen conjuntural a liquidar a mesura que Catalunya assumeixi els seus propis òrgans de gestió política i cultural?” (p. 147).
El final del párrafo es demoledor: Fenómeno coyuntural a liquidar al disponer de órganos propios de gestión política y cultural. Los más conocidos hombres de letras contestaron en un sentido generalmente afirmativo a esta pregunta, lo que dice mucho del espíritu abierto, generoso e integrador con la que se iniciaba la nueva democracia.
Todas las respuestas merecen la pena, pero la de Luis Goitysolo me parece extraordinaria:
“després […] d’assegurar que només un referèndum podia dictaminar si els escriptors com ell eren un ‘fenomen conjuntural a liquidar’, concloïa el seu text de resposta –traduït del castellà, com indicava una nota a peu de plana- amb aquestes paraules: ‘Peró, no cal dir-ho, si el monolingüismo fos establert, jo l’acceptaria sense reserves. L’ùnica cosa inmodificable és que jo continuaré pensant i, per tant, escrivint, en castellà’.”
¿De dónde pudo salir tal sumisión, tal renuncia a la propia libertad, a la propia individualidad, como para aceptar que un referéndum pueda decidir en qué lengua se ha de poder escribir? Era, sin duda, el correlato perfecto de la convicción con la que los escritores en catalán manifestaban que, efectivamente, la escritura en castellano era un fenómeno coyuntural a liquidar.
Exactamente el espíritu contrario es el que muestran las memorias de Javier: independencia y valiente ejercicio de la crítica –incluida la crítica de sí mismo- frente a la presión de la tribu y a costa de la propia comodidad.
Volveré sobre ello.
sábado 19 de septiembre de 2009
Necesitamos una política y unos políticos modestos
En una esquina de Ses Covetes el Plan E ha dejado una exacta imagen de la política española: un enorme cartel adosado a una casa -de menor tamaño que el monstruoso cartel- nos anuncia que se han gastado 60 mil euros en el asfaltado de una calle.



Su coste directo debe suponer el 5% del valor de la obra (3.000€) a lo que habrá que añadir un día el coste de retirarlo, transportarlo y reciclado. Todo este gasto -de recursos que no tenemos porque estamos en medio de una crisis terrible- para conseguir… contaminación visual durante unos cuantos años. ¿Es posible que en ningún nivel de nuestra frondosa Administración –nacional, autonómica, insular, municipal- nadie se haya dado cuenta del disparate y haya podido hacer algo para evitarlo? Todos los discursos de servicio al ciudadano, de responsabilidad, de rigor, de honradez chocan con la realidad de muchos políticos cortos de seriedad, autocomplacientes, megalómanos, y tolerantes con la corrupción, que llevan a cabo políticas descuidadas, ineficientes y derrochadoras.
¿Qué es sino autocomplacencia y absoluta insensibilidad ante las preocupaciones de los ciudadanos la decisión del Parlament de pagar 157 mil euros en la adquisición de una escultura para conmemorar esta legislatura (UH, 18.09.09)? Pero los parlamentarios ¿no se han enterado del número de parados, de las empresas que cierran, de las deudas de la Administración, etc.? ¿Qué se va a conmemorar? ¿Que varios imputados por gravísimos casos de corrupción se sientan en el Parlament?
La ineficiencia se nos muestra cada día. Por ejemplo, el Sr. Carbonero, Conseller de Vivienda, se declara preocupado porque solo el 8,1% de viviendas se dedican al alquiler y para llegar al 20% pretende ofrecer ayudas a promotores y propietarios (DM, 18.09.09). Debería explicar por qué se preocupa y por qué quiere llegar al 20%, pero, sobre todo, cómo se financiarán las ayudas dada la situación de la economía, y preguntarse si la causa del tamaño del mercado de viviendas en alquiler no será consecuencia de una legislación absurdamente restrictiva que impide el correcto funcionamiento del mercado. ¿No sería, entonces, más efectivo y más barato mejorar la legislación para que los propietarios del gran parque de viviendas susceptibles de ser arrendadas las pongan en el mercado? Es decir, en lugar de poner el aire acondicionado –la mala regulación legal- y luego la calefacción –las ayudas- implementemos la solución eficiente de quitar el aire acondicionado y la calefacción: permitamos que el mercado funcione. Naturalmente, lo que diga el Conseller de Vivienda será entonces menos relevante, quizás incluso sobre. En cualquier caso la Administración podrá dedicar su atención a problemas más reales.
Pero parece como si faltaran problemas reales aquí y ahora ya que nuestros gobernantes buscan fueran otros de mayor entidad, de más alcance. ¿Megalomanía? La Sra. Armengol, por ejemplo, preside Arco Latino, una organización internacional de administraciones locales, que pretende ser una voz que se oiga en la UE y todo el Mediterráneo. Al aceptar la presidencia hace unos meses hizo un discurso citando a Krugman, la crisis global, el fracaso de la globalización, y pretendiendo repensar el papel de las administraciones locales en relación a ese marco mundial para, por ejemplo, “favorecer la economía productiva”. Pero, ¿no está estirando más el brazo que la manga? Los enormes problemas citados no han de enfrentarse en el nivel de una administración local cuando ni siquiera el nivel nacional parece el adecuado. Bajemos a tierra, por favor, y concentrémonos en la tarea más modesta y mucho más valiosa de atender las necesidades de los ciudadanos que son competencia del Consell Insular. Para los mallorquines la dimensión internacional de la Sra. Armengol es perfectamente prescindible y agradecerían que se concentrara en hacer más eficiente la Administración que dirige. Tiene tarea de sobra en Mallorca como para proponerse arreglar la crisis global.
Junto a estos son innumerables los ejemplos de la incapacidad de muchos responsables políticos para reconocer cuáles son los problemas relevantes y para decidir sensatamente cuáles son las prioridades, para entender los límites de los recursos y de la efectividad de la intervención pública, para interiorizar que todos los recursos que tiene la Administración han sido aportados por los ciudadanos y que no pueden desperdiciarse.
Por eso debemos exigir modestia, contención, humildad y honradez, no sólo económica, también intelectual, para que se reconozcan los verdaderos problemas y la política se dedique a tratar de resolverlos.



Su coste directo debe suponer el 5% del valor de la obra (3.000€) a lo que habrá que añadir un día el coste de retirarlo, transportarlo y reciclado. Todo este gasto -de recursos que no tenemos porque estamos en medio de una crisis terrible- para conseguir… contaminación visual durante unos cuantos años. ¿Es posible que en ningún nivel de nuestra frondosa Administración –nacional, autonómica, insular, municipal- nadie se haya dado cuenta del disparate y haya podido hacer algo para evitarlo? Todos los discursos de servicio al ciudadano, de responsabilidad, de rigor, de honradez chocan con la realidad de muchos políticos cortos de seriedad, autocomplacientes, megalómanos, y tolerantes con la corrupción, que llevan a cabo políticas descuidadas, ineficientes y derrochadoras.
¿Qué es sino autocomplacencia y absoluta insensibilidad ante las preocupaciones de los ciudadanos la decisión del Parlament de pagar 157 mil euros en la adquisición de una escultura para conmemorar esta legislatura (UH, 18.09.09)? Pero los parlamentarios ¿no se han enterado del número de parados, de las empresas que cierran, de las deudas de la Administración, etc.? ¿Qué se va a conmemorar? ¿Que varios imputados por gravísimos casos de corrupción se sientan en el Parlament?
La ineficiencia se nos muestra cada día. Por ejemplo, el Sr. Carbonero, Conseller de Vivienda, se declara preocupado porque solo el 8,1% de viviendas se dedican al alquiler y para llegar al 20% pretende ofrecer ayudas a promotores y propietarios (DM, 18.09.09). Debería explicar por qué se preocupa y por qué quiere llegar al 20%, pero, sobre todo, cómo se financiarán las ayudas dada la situación de la economía, y preguntarse si la causa del tamaño del mercado de viviendas en alquiler no será consecuencia de una legislación absurdamente restrictiva que impide el correcto funcionamiento del mercado. ¿No sería, entonces, más efectivo y más barato mejorar la legislación para que los propietarios del gran parque de viviendas susceptibles de ser arrendadas las pongan en el mercado? Es decir, en lugar de poner el aire acondicionado –la mala regulación legal- y luego la calefacción –las ayudas- implementemos la solución eficiente de quitar el aire acondicionado y la calefacción: permitamos que el mercado funcione. Naturalmente, lo que diga el Conseller de Vivienda será entonces menos relevante, quizás incluso sobre. En cualquier caso la Administración podrá dedicar su atención a problemas más reales.
Pero parece como si faltaran problemas reales aquí y ahora ya que nuestros gobernantes buscan fueran otros de mayor entidad, de más alcance. ¿Megalomanía? La Sra. Armengol, por ejemplo, preside Arco Latino, una organización internacional de administraciones locales, que pretende ser una voz que se oiga en la UE y todo el Mediterráneo. Al aceptar la presidencia hace unos meses hizo un discurso citando a Krugman, la crisis global, el fracaso de la globalización, y pretendiendo repensar el papel de las administraciones locales en relación a ese marco mundial para, por ejemplo, “favorecer la economía productiva”. Pero, ¿no está estirando más el brazo que la manga? Los enormes problemas citados no han de enfrentarse en el nivel de una administración local cuando ni siquiera el nivel nacional parece el adecuado. Bajemos a tierra, por favor, y concentrémonos en la tarea más modesta y mucho más valiosa de atender las necesidades de los ciudadanos que son competencia del Consell Insular. Para los mallorquines la dimensión internacional de la Sra. Armengol es perfectamente prescindible y agradecerían que se concentrara en hacer más eficiente la Administración que dirige. Tiene tarea de sobra en Mallorca como para proponerse arreglar la crisis global.
Junto a estos son innumerables los ejemplos de la incapacidad de muchos responsables políticos para reconocer cuáles son los problemas relevantes y para decidir sensatamente cuáles son las prioridades, para entender los límites de los recursos y de la efectividad de la intervención pública, para interiorizar que todos los recursos que tiene la Administración han sido aportados por los ciudadanos y que no pueden desperdiciarse.
Por eso debemos exigir modestia, contención, humildad y honradez, no sólo económica, también intelectual, para que se reconozcan los verdaderos problemas y la política se dedique a tratar de resolverlos.
domingo 2 de agosto de 2009
Financiación autonómica y transparencia
En el documento sobre financiación autonómica aprobado recientemente (76 páginas) sobra retórica y faltan números. Los técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda habrán realizado numerosas simulaciones sobre las consecuencias del nuevo sistema de financiación, es decir, sobre los recursos que cada año recibirá cada comunidad autónoma en diferentes escenarios económicos (crecimiento del PIB, paro, inflación, etc.). Esas cifras serían muy útiles, más aún, son imprescindibles, para que los ciudadanos entiendan y puedan juzgar lo que el Gobierno central y los autonómicos hacen. ¿Por qué, entonces, no se han puesto a su disposición? O, en aras de una democracia mejor, ¿por qué no se ha dispuesto en la web del MEH un sistema, facilísimo en estos días, que permita a cualquiera que lo desee simular el funcionamiento del sistema que, no lo olvidemos, servirá para distribuir entre las CCAA en torno al 15% del PIB español, es decir, unos 150.000 millones de euros que los ciudadanos aportan con sus impuestos, presentes o futuros?
La respuesta es que los números son peligrosos: las palabras pueden, frecuentemente, reinterpretarse, retorcerse, adaptarse a las conveniencias del momento, permiten decir una cosa y la contraria en días consecutivos –el Presidente del Gobierno es muy aficionado a eso- pero los números atan de manera efectiva cara al futuro y dificultan la venta de humo –“todas las CCAA ganan”- y el interesado autismo autonómico de los políticos de todos los partidos –“mirad cuánto ganamos”, “yo conseguiría más”, y “a quién le importa el agregado de la financiación”. Consecuentemente, fuera números.
Veamos el caso de nuestra Comunidad respecto a financiación y a transparencia. ¿Recibió el Presidente Antich los números a que nos referíamos antes? Hemos de suponer que sí porque si no sería un completo irresponsable. Seguro que los recibió y los hizo analizar cuidadosamente por sus –nuestros- técnicos. Más aún, el Conseller Manera habrá, sin ningún género de dudas, completado el proceso que convierte población, superficie, crecimiento económico, insularidad, etc. año a año en recursos. Entonces, ¿por qué no ha puesto esos datos de la forma más completa y accesible a disposición de los ciudadanos que residen en estas Islas? ¿No se espera en una democracia transparencia e información para que los ciudadanos puedan participar en el debate político? La conclusión que se impone, lamentablemente, es que la transparencia y el acceso de los ciudadanos a la información no están entre las prioridades de nuestros gobernantes.
¿Qué debemos pensar, entonces, de la financiación de las Baleares con el nuevo sistema? El Presidente Antich se esfuerza en construir un discurso de éxito alrededor de la cifra mágica de 500 millones y de la expresión “media de financiación per cápita” –sin ni siquiera referencia clara a un año preciso- pero parece que teme por la fragilidad de su retórica: si los números la avalaran ¿no sería ya pública la hoja Excel que él tiene, sin duda, entre sus papeles? No hay más remedio, por lo tanto, que desconfiar.
Incluso faltos de la información detallada que ni el Gobierno ni el Govern quieren que tengan los ciudadanos hay, sin embargo, una crítica muy seria que se debe hacer al Govern. El nuevo sistema de financiación se ha acordado de una forma antidemocrática y disfuncional –bilateralidad, arbitrariedad, opacidad- por un motivo perfectamente comprensible: el Gobierno ha estado comprado su supervivencia política. Esto ha sido mansamente aceptado por el Govern. Ahora bien, más allá del concreto volumen de recursos que la Comunidad recibirá en el futuro –cuestión, como decíamos, envuelta en una espesa niebla- los intereses a largo plazo de nuestra Comunidad sólo pueden ser efectivamente defendidos en una negociación multilateral, racional y transparente, porque nunca tendremos la capacidad de “retorcer el brazo” del Gobierno que tiene, por ejemplo, Cataluña. Es decir, aún dejando aparte los valores constitucionales de igualdad y de solidaridad entre los ciudadanos, la consideración de los intereses de la Comunidad en su interpretación más estrecha obligaría a reclamar multilateralidad, racionalidad y transparencia, pero en lugar de hacerlo el Govern ha preferido ayudar al Gobierno y a Zapatero a trabajarse su supervivencia política, es decir, ha puesto los intereses de Zapatero y del Partido Socialista por delante de los intereses de la Comunidad.
La respuesta es que los números son peligrosos: las palabras pueden, frecuentemente, reinterpretarse, retorcerse, adaptarse a las conveniencias del momento, permiten decir una cosa y la contraria en días consecutivos –el Presidente del Gobierno es muy aficionado a eso- pero los números atan de manera efectiva cara al futuro y dificultan la venta de humo –“todas las CCAA ganan”- y el interesado autismo autonómico de los políticos de todos los partidos –“mirad cuánto ganamos”, “yo conseguiría más”, y “a quién le importa el agregado de la financiación”. Consecuentemente, fuera números.
Veamos el caso de nuestra Comunidad respecto a financiación y a transparencia. ¿Recibió el Presidente Antich los números a que nos referíamos antes? Hemos de suponer que sí porque si no sería un completo irresponsable. Seguro que los recibió y los hizo analizar cuidadosamente por sus –nuestros- técnicos. Más aún, el Conseller Manera habrá, sin ningún género de dudas, completado el proceso que convierte población, superficie, crecimiento económico, insularidad, etc. año a año en recursos. Entonces, ¿por qué no ha puesto esos datos de la forma más completa y accesible a disposición de los ciudadanos que residen en estas Islas? ¿No se espera en una democracia transparencia e información para que los ciudadanos puedan participar en el debate político? La conclusión que se impone, lamentablemente, es que la transparencia y el acceso de los ciudadanos a la información no están entre las prioridades de nuestros gobernantes.
¿Qué debemos pensar, entonces, de la financiación de las Baleares con el nuevo sistema? El Presidente Antich se esfuerza en construir un discurso de éxito alrededor de la cifra mágica de 500 millones y de la expresión “media de financiación per cápita” –sin ni siquiera referencia clara a un año preciso- pero parece que teme por la fragilidad de su retórica: si los números la avalaran ¿no sería ya pública la hoja Excel que él tiene, sin duda, entre sus papeles? No hay más remedio, por lo tanto, que desconfiar.
Incluso faltos de la información detallada que ni el Gobierno ni el Govern quieren que tengan los ciudadanos hay, sin embargo, una crítica muy seria que se debe hacer al Govern. El nuevo sistema de financiación se ha acordado de una forma antidemocrática y disfuncional –bilateralidad, arbitrariedad, opacidad- por un motivo perfectamente comprensible: el Gobierno ha estado comprado su supervivencia política. Esto ha sido mansamente aceptado por el Govern. Ahora bien, más allá del concreto volumen de recursos que la Comunidad recibirá en el futuro –cuestión, como decíamos, envuelta en una espesa niebla- los intereses a largo plazo de nuestra Comunidad sólo pueden ser efectivamente defendidos en una negociación multilateral, racional y transparente, porque nunca tendremos la capacidad de “retorcer el brazo” del Gobierno que tiene, por ejemplo, Cataluña. Es decir, aún dejando aparte los valores constitucionales de igualdad y de solidaridad entre los ciudadanos, la consideración de los intereses de la Comunidad en su interpretación más estrecha obligaría a reclamar multilateralidad, racionalidad y transparencia, pero en lugar de hacerlo el Govern ha preferido ayudar al Gobierno y a Zapatero a trabajarse su supervivencia política, es decir, ha puesto los intereses de Zapatero y del Partido Socialista por delante de los intereses de la Comunidad.
martes 14 de julio de 2009
La financiación autonómica
Independientemente del resultado –que parece será malo por varias razones- la elaboración del nuevo sistema de financiación autonómica es muy disfuncional. Y la posición del Govern de la CAIB, aparentemente preparado para mostrarse orgulloso de su desempeño, no especialmente brillante.
Que no podamos hablar del sistema todavía, cuando está, parece ser, a punto de ser cerrado, es el primer motivo de crítica. Recordemos que estamos tratando de un volumen de recursos que suponen en torno al 20% del PIB, que son financiados, como no podía ser de otra manera, con los impuestos de todos los españoles, y que deben servir para la provisión de servicios fundamentales, como la sanidad y la educación, en condiciones de igualdad. Es realmente sorprendente, por no decir escandaloso, que la distribución de tales recursos no se base en rigurosos criterios técnicos discutidos con transparencia. Las razones apuntadas anteriormente ya exigen ese debate transparente y riguroso, pero, además, siendo las CCAA un elemento fundamental de nuestro sistema político, esta tramposa manera de diseñar la financiación que gusta a Zapatero rebaja sustancialmente la calidad de nuestra democracia.
Otro motivo de crítica es la mentira de que si “todas las CCAA ganan, todas deben estar contentas”. Esta afirmación supone que un sistema que arbitrariamente favorezca a unas CCAA frente a otras puede ser satisfactorio, cosa imposible puesto que la arbitrariedad es profundamente antidemocrática. Pero, además, el agregado de los fondos que irán a las CCAA sale, como señalábamos anteriormente, de los impuestos presentes o futuros –los que pagarán la deuda que financiará el déficit- de todos los ciudadanos: los intereses del común de los ciudadanos son los que se olvidan en el chalaneo que el Presidente Zapatero llama “negociación”.
¿Y el Govern de la CAIB? Completamente a remolque de los planteamientos de Zapatero, es decir, haciendo de comparsa en la solución del futuro político de este Gobierno que necesita encontrar apoyos en el Parlamento: cueste lo que cueste, al fin y al cabo pagan otros.
El sistema de financiación autonómico del año 2002 perjudicó notablemente a Baleares que ha recibido un volumen de recursos claramente por debajo de lo razonable. La solución a un mal sistema no es otro mal sistema que proporcione ahora a la CAIB un volumen superior de recursos, sino un sistema técnica y políticamente correcto, porque proporcionará el volumen justo de recursos de forma permanente, volumen justo que sería, sin duda, muy superior al actual. El Govern, al aceptar un sistema diseñado para satisfacer las exigencias de las grandes CCAA, especialmente de Cataluña, que son la clave de la supervivencia política de Zapatero, está situando a la CAIB y a sus ciudadanos en una posición de debilidad, porque nunca podrá competir con la capacidad de “retorcer el brazo del Gobierno” que tienen Cataluña o Andalucía. Es decir, no sólo los principios, sino la defensa de los intereses de los ciudadanos residentes en la CAIB, deben llevar al Govern a oponerse a los trapicheos del Presidente Zapatero. La CAIB conseguirá consolidar una posición de fortaleza a largo plazo si rechaza la arbitrariedad como método y defiende, simplemente, un sistema justo.
Que no podamos hablar del sistema todavía, cuando está, parece ser, a punto de ser cerrado, es el primer motivo de crítica. Recordemos que estamos tratando de un volumen de recursos que suponen en torno al 20% del PIB, que son financiados, como no podía ser de otra manera, con los impuestos de todos los españoles, y que deben servir para la provisión de servicios fundamentales, como la sanidad y la educación, en condiciones de igualdad. Es realmente sorprendente, por no decir escandaloso, que la distribución de tales recursos no se base en rigurosos criterios técnicos discutidos con transparencia. Las razones apuntadas anteriormente ya exigen ese debate transparente y riguroso, pero, además, siendo las CCAA un elemento fundamental de nuestro sistema político, esta tramposa manera de diseñar la financiación que gusta a Zapatero rebaja sustancialmente la calidad de nuestra democracia.
Otro motivo de crítica es la mentira de que si “todas las CCAA ganan, todas deben estar contentas”. Esta afirmación supone que un sistema que arbitrariamente favorezca a unas CCAA frente a otras puede ser satisfactorio, cosa imposible puesto que la arbitrariedad es profundamente antidemocrática. Pero, además, el agregado de los fondos que irán a las CCAA sale, como señalábamos anteriormente, de los impuestos presentes o futuros –los que pagarán la deuda que financiará el déficit- de todos los ciudadanos: los intereses del común de los ciudadanos son los que se olvidan en el chalaneo que el Presidente Zapatero llama “negociación”.
¿Y el Govern de la CAIB? Completamente a remolque de los planteamientos de Zapatero, es decir, haciendo de comparsa en la solución del futuro político de este Gobierno que necesita encontrar apoyos en el Parlamento: cueste lo que cueste, al fin y al cabo pagan otros.
El sistema de financiación autonómico del año 2002 perjudicó notablemente a Baleares que ha recibido un volumen de recursos claramente por debajo de lo razonable. La solución a un mal sistema no es otro mal sistema que proporcione ahora a la CAIB un volumen superior de recursos, sino un sistema técnica y políticamente correcto, porque proporcionará el volumen justo de recursos de forma permanente, volumen justo que sería, sin duda, muy superior al actual. El Govern, al aceptar un sistema diseñado para satisfacer las exigencias de las grandes CCAA, especialmente de Cataluña, que son la clave de la supervivencia política de Zapatero, está situando a la CAIB y a sus ciudadanos en una posición de debilidad, porque nunca podrá competir con la capacidad de “retorcer el brazo del Gobierno” que tienen Cataluña o Andalucía. Es decir, no sólo los principios, sino la defensa de los intereses de los ciudadanos residentes en la CAIB, deben llevar al Govern a oponerse a los trapicheos del Presidente Zapatero. La CAIB conseguirá consolidar una posición de fortaleza a largo plazo si rechaza la arbitrariedad como método y defiende, simplemente, un sistema justo.
viernes 12 de junio de 2009
Un poeta habla de UPyD
UPyD, Unión Progreso y Democracia, ha tenido un buen resultado en estas elecciones. Mucha gente de todas las tendencias ideológicas lo reconoce y he percibido verdadera simpatía y respeto en muchas personas de las que he recibido la enhorabuena. Supongo que, finalmente, el común de la gente percibe el esfuerzo que hemos hecho y la dificultad de nuestro empeño. Otra cosa es, naturalmente, si se comparten nuestras ideas o no. Ahí yo creo que las personas sensatas pueden disentir seriamente de nuestros planteamientos, pero admiten que son ideas políticamente razonables, es decir, susceptibles de entrar en el debate político para ser discutidas, argumentadas, confrontadas con otras ideas, y saben, además, que pueden recibir el apoyo de muchos ciudadanos.
Junto a mucha gente sensata está el hooligan autosatisfecho y cerril que dispone, además, regularmente, de espacio en los diarios en calidad de comentarista político y es frecuentemente categorizado como “escriptor”. ¿Alguien que no sea un hooligan escribiría cosas como estas: “la panda de forasteros y peligrosos despistados de UPyD”, “depredadores de nuestra cultura”, “asquerosos sapos inflados de veneno herederos de Rabasco”? (http://dbalears.cat/arxiu/pdf/466/4)
Dan ganas de responder en su mismo tono y comparar esos comentarios, con, por ejemplo, el rebuzno o la ventosidad, pero el tema es tan serio que difícilmente admite ni siquiera la ironía.
El problema no es que exista el hooligan, el tipo faltón y despreciativo que se siente orgulloso de llamar “sapos asquerosos” a miles de ciudadanos de toda condición que han ido a votar a UPyD -ciudadanos que, además, probablemente, en promedio, son gente más informada y más crítica que el conjunto de la ciudadanía: al fin y al cabo la presencia de UPyD en los medios de comunicación ha sido infinitamente menor que la de otras opciones políticas. El problema es que el hooliganismo se ha convertido en muchos ámbitos en un comportamiento loable mientras se ejerza sobre aquellos que se atreven a discutir cualquier política basada en la identidad, y que se ejerce con tal descaro que incluso mucha gente que, aún aceptando básicamente esas políticas basadas en la identidad, lo rechaza, se calla, sin embargo, para no ser incluida en la categoría de los malos, los antimalloquines, los que odian la cultura catalana, los que quieren minorizar la lengua, etc., etc.
Me apena –y en cierto modo me fascina- que un tipo que se autodescribe como “poeta, narrador y articulista de prensa”, que pertenece a una asociación de escritores (la AELC), que debe, por lo tanto leer de vez en cuando, y que vive en un país pacífico, básicamente libre, con un sistema de protección social avanzado –estoy hablando, naturalmente, de España- y que debe tener una vida bastante amable, sea capaz de mostrar con tal franqueza ese odio absurdo, y de hacerlo, además, con orgullo.
En fin, leámoslo una vez más: “colla de forasters i perillosos errats de comptes d’UPyD […] Malanats depredadors de la nostra cultura. Fastigosos calàpets inflats de verí hereus d’en Rabasco”. Leámoslo, porque si no, de tan absurdo, llegaremos a pensar que no es verdad, que lo hemos imaginado. Y conviene recordarlo porque no es una broma, es, sencillamente, inaceptable, y refleja una actitud que está en la raíz de muchos de los problemas políticos que han hecho surgir a UPyD.
Junto a mucha gente sensata está el hooligan autosatisfecho y cerril que dispone, además, regularmente, de espacio en los diarios en calidad de comentarista político y es frecuentemente categorizado como “escriptor”. ¿Alguien que no sea un hooligan escribiría cosas como estas: “la panda de forasteros y peligrosos despistados de UPyD”, “depredadores de nuestra cultura”, “asquerosos sapos inflados de veneno herederos de Rabasco”? (http://dbalears.cat/arxiu/pdf/466/4)
Dan ganas de responder en su mismo tono y comparar esos comentarios, con, por ejemplo, el rebuzno o la ventosidad, pero el tema es tan serio que difícilmente admite ni siquiera la ironía.
El problema no es que exista el hooligan, el tipo faltón y despreciativo que se siente orgulloso de llamar “sapos asquerosos” a miles de ciudadanos de toda condición que han ido a votar a UPyD -ciudadanos que, además, probablemente, en promedio, son gente más informada y más crítica que el conjunto de la ciudadanía: al fin y al cabo la presencia de UPyD en los medios de comunicación ha sido infinitamente menor que la de otras opciones políticas. El problema es que el hooliganismo se ha convertido en muchos ámbitos en un comportamiento loable mientras se ejerza sobre aquellos que se atreven a discutir cualquier política basada en la identidad, y que se ejerce con tal descaro que incluso mucha gente que, aún aceptando básicamente esas políticas basadas en la identidad, lo rechaza, se calla, sin embargo, para no ser incluida en la categoría de los malos, los antimalloquines, los que odian la cultura catalana, los que quieren minorizar la lengua, etc., etc.
Me apena –y en cierto modo me fascina- que un tipo que se autodescribe como “poeta, narrador y articulista de prensa”, que pertenece a una asociación de escritores (la AELC), que debe, por lo tanto leer de vez en cuando, y que vive en un país pacífico, básicamente libre, con un sistema de protección social avanzado –estoy hablando, naturalmente, de España- y que debe tener una vida bastante amable, sea capaz de mostrar con tal franqueza ese odio absurdo, y de hacerlo, además, con orgullo.
En fin, leámoslo una vez más: “colla de forasters i perillosos errats de comptes d’UPyD […] Malanats depredadors de la nostra cultura. Fastigosos calàpets inflats de verí hereus d’en Rabasco”. Leámoslo, porque si no, de tan absurdo, llegaremos a pensar que no es verdad, que lo hemos imaginado. Y conviene recordarlo porque no es una broma, es, sencillamente, inaceptable, y refleja una actitud que está en la raíz de muchos de los problemas políticos que han hecho surgir a UPyD.
sábado 6 de junio de 2009
The Economist se fija en UPyD
En el último número de The Economist, un artículo dedicado a España: Zapped, que se ocupa de Zapatero, de sus trucos y de sus problemas, y, ¡caramba!, de UPyD y de Rosa Díez.
La prensa española, salvo excepciones, ignora a UNIÓN PROGRESO Y DEMOCRACIA. The Economist, sin embargo, que hace periodismo global de extraordinaria calidad, hace su trabajo y dedica su atención a UPyD. Si un observador no sectario, como The Economist, considera que UPyD es un fenómeno político importante, ¿por qué será que algunos grandes periódicos, como el Última Hora, de Baleares, o El Pais, le dedican escasa o nula atención? ¿Algo de sectarismo, quizás?
La prensa española, salvo excepciones, ignora a UNIÓN PROGRESO Y DEMOCRACIA. The Economist, sin embargo, que hace periodismo global de extraordinaria calidad, hace su trabajo y dedica su atención a UPyD. Si un observador no sectario, como The Economist, considera que UPyD es un fenómeno político importante, ¿por qué será que algunos grandes periódicos, como el Última Hora, de Baleares, o El Pais, le dedican escasa o nula atención? ¿Algo de sectarismo, quizás?
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